La renuncia de Benedicto XVI: El oscuro legado de Juan Pablo II continúa atormentando a la Iglesia

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En una ambigua atmósfera fue anunciada por el sumo pontífice Benedicto XVI su abdicación al papado. Con 85 años, Joseph Ratzinger se convierte en el primer Papa en tomar tan drástica decisión desde 1450. La renuncia generó una ola de cuestionamientos a nivel mundial, enfocadas en desentrañar las verdaderas razones detrás de la medida.

Para muchos, la dimisión de Benedicto XVI obedece a una crisis dentro de la Iglesia, en el marco de un año plagado de denuncias sobre abusos sexuales, truculentos manejos financieros y encubrimiento de actividades ilícitas en el corazón de la Santa Sede.

Otros han posicionado a Ratzinger como la víctima de una pugna interna en el Vaticano que posee amplios precedentes en el siglo pasado. Su salida puede ser interpretada como un producto de las presiones y tensiones vividas en el último tiempo, las cuales han provocado el debilitamiento de la autoridad papal a su nivel más álgido.

La historia de la Santa Sede no ha estado exenta de episodios nebulosos que requieren análisis y una doble interpretación. A continuación recapitularemos algunos de ellos e intentaremos aportar antecedentes para esclarecer el actual escenario que vive la Iglesia, inserta en el último mes del pontificado de Benedicto XVI.

Víctimas de la mafia

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Juan Pablo I, el “Papa de la sonrisa”

No podemos comenzar esta historia sin antes recordar uno de los mayores misterios que ha envuelto a la Iglesia: la muerte de Juan Pablo I, a escasos 33 días de su papado.

Originario de la localidad de Forno Di Canale, el italiano Albino Luciani encontró su muerte un 28 de septiembre de 1978, oficialmente producto de un infarto mientras dormía en su cama. La versión convencional es contrariada por su familia, la cual asegura que Luciani – descrito como “el Papa de la sonrisa” – murió realmente en su escritorio.

El sacerdote español Jesús López, respaldándose en una autopsia realizada al cadáver de Luciani, aseguró en 2003 que Juan Pablo I había muerto por la “ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador”. López pertenece a un sector minoritario que pretende “lavar” la imagen de un pontificado que, asegura, “pudo ser revolucionario en la Iglesia”.

Efectivamente, Juan Pablo I tenía muchos enemigos en la Santa Sede. En primer lugar, pretendía profundizar las obras del anterior papado, Juan XXIII, compuestas por políticas impopulares para la Curia. Además, una de sus mayores prioridades era trasparentar las cuentas bancarias del Vaticano, en las cuales proliferaba la “evasión de impuestos” y el “movimiento ilegal de acciones”.

Algunos han establecido una relación entre el oscuro Banco Ambrosiano, cuyo accionista principal era el Banco Vaticano, y el asesinato no esclarecido de Juan Pablo I.

El 18 de julio de 1982 fue hallado muerto bajo el Puente Blackfriars el banquero italiano Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano. Su fallecimiento se encuentra envuelto en un velo de misterio. Calvi pertenecía a la Logia Propaganda Due (P2), liderada por el mafioso Licio Gelli, y se le vincula con extraños movimientos de dinero del narcotráfico que llegan incluso hasta el conocido Pablo Escobar.

Calvi habría sido asesinado para encubrir sus conexiones con las actividades ilícitas de la Santa Sede. De su muerte se ha culpado a la propia Logia P2, cuya influencia en el Vaticano no es menor. Entre los miembros de esta logia masónica se encuentra el terrorista neofascista Stefano Delle Chaie, involucrado en las operaciones de inteligencia de Cóndor y Gladio, y conectado con la Liga Mundial Anticomunista.

Delle Chaie figura como uno de los extremistas italianos usados por Augusto Pinochet en el atentado contra el demócratacristiano Bernando Leighton y varias “misiones” de contraespionaje e investigaciones químicas durante la dictadura chilena, muchas de las cuales se hicieron en compañía de Michael Townley, agente de la DINA vinculado a la CIA.

Las acciones ilícitas del Banco Ambrosiano, a través del cual se canalizaron enormes sumas de dinero negro para desestabilizar gobiernos, serían ahondadas en el próximo pontificado de Juan Pablo II.

El oscuro legado de Juan Pablo II

Juan Pablo II junto al dictador Augusto Pinochet durante su visita en 1987

Juan Pablo II junto al dictador Augusto Pinochet durante su visita en 1987

Sobre la gestión del sucesor de Juan Pablo I, el polaco y ferviente anticomunista Karol Wojtyla, se ha colocado un manto de santidad y probidad que no puede estar más alejado de la realidad.

Con la instalación de Juan Pablo II, las investigaciones sobre los oscuros manejos financieros del Vaticano fueron ocultadas y los responsables permanecieron en sus puestos; el Vaticano encubrió y protegió a los involucrados en casos de abuso sexual, avaló dictaduras y participó en operaciones de desestabilización política, además de permitir la consolidación de los movimientos ultraconservadores y terminar con el espíritu de reforma que había caracterizado a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.

Es con Juan Pablo II que asciende a la cima del poder de la Iglesia una de las organizaciones ultraconservadoras más polémicas, el Opus Dei, que fue transformada en prelatura personal del Papa. De igual forma, adquieren influencia los Legionarios de Cristo, involucrados en numerosos casos de abuso sexual.

Así, “mientras el Papa estuvo vivo, la consigna fue tapar y proteger a las ovejas descarriadas, y sobre todos ellos al líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, elevado al altar de asesor principal de Wojtyla e inmune a toda condena pese a la tímida oposición de Benedicto XVI, que solo pudo poner orden cuando llegó al trono”.

En el contexto de la Guerra Fría, Juan Pablo II también fue una pieza clave en la desestabilización de Europa Oriental. Bajo su mando, la Santa Sede participó en operaciones oscuras para apoyar al sindicato católico y anticomunista polaco Solidaridad, liderado por Lech Walesa.

A fines de 1980, el presidente Jimmy Carter “ordenó a su Asesor de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, informar al Vaticano que Estados Unidos tenía recursos de inteligencia clandestinos disponibles para ayudar a Solidaridad” y, “con los gobiernos de Europa Occidental reticentes a confrontar abiertamente a la Unión Soviética por sus agresiones, Brzezinski sencillamente le pidió al Papa Juan Pablo II unirse a Estados Unidos para aislar económica, cultural y políticamente a los soviéticos si intervenían en Polonia. El Papa lo consideró y lo hizo”.

Posteriormente, el Banco Vaticano sería acusado de proveer dinero a estas operaciones a través del Banco Ambrosiano con el objeto de financiar no sólo a Solidaridad, sino a la Contra nicaragüense y a partidos políticos italianos.

Fue esta abierta postura anticomunista de Juan Pablo II la que explica la mediación del Vaticano entre Chile y Argentina por el conflicto del Beagle, en circunstancias que ambos países estaban gobernados por dictaduras anticomunistas que le generaban simpatías.

La razón de la visita del Papa a Chile en 1987 no fue su preocupación por las violaciones a los derechos humanos, sino manifestar su apoyo a Augusto Pinochet. Lo anterior es confirmado por el respaldo que el Sumo Pontífice le otorgó al dictador chileno mientras estuvo detenido en Londres.

De hecho, los prelados nombrados en Chile durante el pontificado de Juan Pablo II se apartaron de las tradiciones de su generación anterior. Ésta, liderada por el cardenal Silva Henríquez, se había caracterizado por la defensa de los derechos humanos. Los nuevos prelados representaron a los sectores más conservadores, protagonistas de la mayoría de los casos de pedofilia y abuso sexual convenientemente ocultados durante el mandato de Juan Pablo II.

En mayor medida, son los oscuros manejos e intereses que fueron instalados en las altas instancias del poder por su predecesor los que explican el fracaso de Benedicto XVI en su intento por sanear a la Iglesia.

¿Golpe de palacio en el Vaticano?

"Complot contra el Papa, dentro de 12 meses morirá" reza la portada de Il Fatto Quotidiano

“Complot contra el Papa, dentro de 12 meses morirá” reza la portada de Il Fatto Quotidiano

En febrero de 2012, el periódico italiano de izquierda Il Fatto Quotidiano reveló una carta anónima donde se alertaba que Benedicto XVI moriría dentro de los próximos 12 meses – es decir, en febrero de 2013.

Según el rotativo, la misiva escrita en alemán y dirigida a Ratzinger “advierte sobre un presunto “mordkomplott” (“complot de muerte”) contra el Santo Padre y parece aludir a un supuesto atentado que podría darse “en los próximos 12 meses”.”

La misiva explica que “La relación entre el Santo Padre y su secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, sería muy conflictual. En una atmósfera de confidencialidad, el cardenal Romeo dijo que Papa Benedicto XVI odiaría literalmente a Tarcisio Bertone y que lo remplazaría ganosamente por otro cardenal”. Se agrega que el Papa “ya está preparando su sucesión, en la que aparece como candidato número uno para remplazarlo el cardenal Ángelo Scola, de 70 años, actual arzobispo de Milán y ex patriarca de Venecia”.

“Se trata, evidentemente, de delirios tan increíbles que no hay que tomar para nada en serio”, dijo el vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, en respuesta a la publicación.

A raíz de la filtración, se deslizó la posibilidad de una disputa interna por el poder entre el actual Tarcisio Bertone y la vieja guardia curial de Juan Pablo II encabezada por Ángelo Sodano, además de grandes fisuras entre el propio Bertone y Benedicto XVI.

Contribuyendo al clima de tensión, también salieron a la palestra los problemas financieros de la Santa Sede cuando J.P. Morgan Chase cerró una cuenta del IOR – el Banco Vaticano – en su subsidiaria de Milán, citando falta de transparencia. Poco tiempo después, luego de llamados a la probidad del Banco Vaticano y el cumplimiento de estatutos financieros de la Unión Europea, “el Departamento de Estado, por primera vez, agregó a la Santa Sede a su lista de naciones de lavado de dinero.”

Casi paralelamente explotó el escándalo de los “Vatileaks”, una filtración que daría cuenta de varios casos de corrupción financiera en el seno de la Iglesia.

Por la situación fueron condenados Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa, y Claudio Sciarpelletti, un técnico informático, como autores de la filtración. La investigación fue encargada al cardenal español Julián Herranz, quien descubrió al topo (Gabriele), pero no a su jefe o jefes. En diciembre de 2012, el Papa indultó a Gabriele.

En una entrevista con agencias internacionales, el cardenal Bertone denunció el escándalo como “ataques dirigidos, feroces y organizados”.

Sin embargo, algunos apuntan como instigador de los Vatileaks al mismo Bertone, en un afán por desestabilizar al actual papado. A Bertone se le acusa de “acumular mucho poder y frenar la limpieza de la Curia y del Banco Vaticano implicado en lavado de activos –que ascendería a 23 millones de euros–, así como de conspirar para forzar una sucesión de Benedicto XVI.”

Tal complot coincidiría con el contenido de la misiva revelada por Il Fatto Quotidiano, en referencia a una pugna de poderes entre Bertone y Ratzinger.

Washington contra Benedicto XVI

Benedicto durante una visita al Líbano en septiembre de 2012

Benedicto durante una visita al Líbano en septiembre de 2012

Sumándose a los conflictos internos, la postura oficial de la Santa Sede también había chocado con la de Occidente en varios aspectos – uno de ellos, con relación a Siria, al negarse a prestar apoyo a los rebeldes armados financiados por las potencias imperiales.

Las relaciones de Bashar Al Assad con el Vaticano han sido muy cordiales, pues Benedicto ha expresado su preocupación por la situación de la comunidad cristiana – que en su mayoría apoya al gobierno sirio – ante el hostigamiento de los rebeldes extremistas que han llevado a cabo numerosas masacres contra las minorías religiosas. Este hecho ha sido utilizado tanto para demonizar a Ratzinger como a Assad.

Sin ir más lejos, ha sido la agencia informativa del Vaticano (Fides), una de las pocas que desde el comienzo dio cuenta de las atrocidades cometidas por los terroristas de oposición y la existencia de mercenarios y combatientes extranjeros luchando contra Assad en Siria.

En diciembre pasado, el Vaticano se mostró contrario “a cualquier intervención militar que pueda recordar lo que ocurrió en Irak, en Libia y en Costa de Marfil”.

Hace sólo unos días, según una versión que circula en la red, Benedicto XVI habría rechazado reunirse con representantes de la oposición siria, argumentando que no apoyaba el terrorismo. El encuentro habría sido solicitado por el Embajador francés en el Vaticano, Bruno Jouber, siendo luego rechazado con la explicación de que la Santa Sede no se reuniría con los rebeldes, “antes de que la Oposición Siria representada por [Moaz] al-Jatib expida una posición formal condenando el sufrimiento en Siria a manos de los insurgentes.”

En agosto de 2012, el historiador Webster Tarpley señaló en entrevista con la cadena iraní Press TV que la Casa Blanca estaba preparando una “Primavera Vaticana” para neutralizar al Vaticano como actor internacional, dado sus choques con los designios de Washington.

Concordando con la posibilidad de una estrategia de desestabilización contra la Santa Sede, el ex analista de la NSA y periodista Wayne Madsen sostuvo a mediados de 2012 que el Vaticano era víctima de una campaña para debilitar su protagonismo político – plan que incluía escándalos “controlados” como el Vatileaks.

Madsen mencionó el respaldo que el Papa había otorgado a la alianza BRICS – Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – para reorientar el control financiero fuera de Londres, Frankfurt, New York y Washington, una política que iba en contra de los designios de organismos financieros internacionales como el Banco Mundial.

Es ese el contexto en que se encontraba Benedicto XVI: sin poder y aliados importantes tanto dentro como fuera de la iglesia, en un escenario donde su pontificado vivía una profunda crisis de credibilidad.

En su última misa, Joseph Ratzinger denunció “hipocresía y divisiones” en la Iglesia. Se lamentó por la “hipocresía religiosa”, así como “el comportamiento de los que aparentan” y las actitudes que buscan ante todo “los aplausos y la aprobación”, e instó a “superar el individualismo y las rivalidades”.

Como sentencia Miguel Mora en El País, que su renuncia “sea el primer caso en más de 700 años dice mucho sobre el nivel de la iniquidad con el que ha convivido. Que no se haya filtrado la noticia lo dice todo sobre su soledad.”

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FUENTE: http://verdadahora.cl/

~ por "SOLO QUIEN NO DA LA ESPALDA A LA VERDAD PUEDE ENCONTRARLA" en 13 febrero, 2013.

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